lunes, 6 de febrero de 2017

Entrevista a Alberto Espinazo autor de "Historias que caen del firmamento"

Ediciones Atlantis publica “Historias que caen del firmamento’, una antología de relatos escrita por el autor valenciano Alberto Espinazo. En ella el lector se adentrará en una serie de historias de intriga y misterio que le dejarán indiferente por su originalidad dentro de la literatura actual.


¿Cómo surgió la idea para escribir este libro? 

Me gusta compaginar la narrativa extensa con la breve; intercalar, con mis novelas realistas, relatos de una ficción intensa. Algunos de esos relatos han sido premiados en certámenes literarios, aunque no siempre han acabado publicándose. He decidido reunir todas aquellas historias de extensión más breve que, premiadas o no, merecieran, por su calidad literaria y su desbordante imaginación, llegar al lector con mayor disposición a liberarse de los convencionalismos. La cohesión de la antología resultó sencilla: un discurso fundamentado en las atmósferas, en los giros inesperados, en los finales sorprendentes y, sobre todo, en esa capacidad que tiene la fantasía para trascender la realidad sin traicionarla. 

A propósito de realidad y de fantasía, ¿qué hay de cada una de ellas en esta antología? 


Las proporciones justas para engañar al lector y, de esta forma, poder contarle la verdad. Los escritores acostumbramos a fabular para ser sinceros: es el único modo de transmitir cuanto hay de cierto en nuestras historias sin perjudicar las sensibilidades propias y ajenas. La fantasía, que parte de la realidad, se evidencia en cada uno de los relatos. No obstante, ¿qué realidad parte de la fantasía? Esa la pregunta que queda en el aire para que cada cual extraiga sus propias conclusiones. 

¿Hay entonces un empeño místico o filosófico en este libro? ¿Tal vez algo metafísico? 


Hay una intención evidente: ofrecer, a través de la imaginación, alternativas distintas a las que se nos imponen como algo incuestionable. La historia de la humanidad es la evolución progresiva de sus reglas, o conjunto de normas y falsas realidades que lo dan todo por hecho. Los sistemas educativos, las sociedades, los medios de comunicación, implican la aceptación de una serie de circunstancias que no siempre se corresponden con la verdad. De este modo, puede suceder que el héroe de hace unas décadas sea hoy el villano; que lo apropiado en la actualidad acabe considerado como aberrante en el futuro; que lo acostumbrado se convierta en lo infrecuente, y viceversa. No se trata de mostrar una panacea moral (algo imposible) o de pergeñar relativismos, sino de ampliar las perspectivas a otras posibilidades igual de factibles, aceptadas o inaceptables y, en cualquier caso, sorprendentes. 


¿Quién crees que disfrutará más con la lectura? 


Las mentes inquietas, las mentes libres, aquellas mentes que quieran ir un poco más allá de los estereotipos vigentes. El libro no está destinado a un sector social concreto, a un sexo determinado o a una edad definida (teniendo en cuenta que, por el contenido, se recomienda su lectura a partir de los catorce o quince años). Son, como su propio nombre indica, Historias que caen del firmamento, relatos procedentes del deslinde entre tierra y cielo, que llegan desde la invisible línea que separa lo terrenal y lo divino, que nos alcanzan desde lo cotidiano y lo extraordinario. Son, en definitiva, historias para todo lector juvenilmente maduro. 

Si el lector pudiera sacar una conclusión o moraleja de Historias que caen del firmamento, ¿cuál sería? 


Que la vida no es tan predecible ni el mundo está tan acotado como nos figuramos. Que lo extraordinario puede surgir en cualquier momento desde lo habitual para trascenderlo (y también que de lo extraordinario puede surgir lo habitual). Que la magia, la fantasía, la ficción (llámese como quiera), en su cara más amable o en su cruz más lacerante, en su belleza más o menos terrorífica, existen. Y, lo mejor de todo es que, además de existir, nada puede evitarlo. 

¿Tienes algún nuevo reto en mente? 


Me considero lo que por ahí se denomina un “escritor puro”: es decir, que enfermo si no escribo todos los días. Mi producción literaria es constante, y mientras en mi cajón virtual se van acumulando las novelas, los relatos y también los microrrelatos, mi creatividad me empuja a seguir concibiendo. Aparte de esto, como soy un afortunado superviviente de la era digital (el abuso de programas televisivos de baja calidad, de las redes sociales y de los videojuegos anula la imaginación), me gustaría intentar rescatar de los actuales malos hábitos tecnológicos a esas mentes en crecimiento que, inmersas en los nuevos tiempos pero todavía no contaminadas por la banalidad y la desinformación, pueden forjarse como lectores avezados e individuos con criterio libre. En este sentido, estoy contemplando la posibilidad de escribir algo estimulante para ese tipo de lector con tanto potencial. Asimismo, quiero plantearme nuevos retos estilísticos, ideológicos y conceptuales. Una novela de aventuras constituiría, por ejemplo, una interesante alternativa al resto de mi producción literaria. 


En tu caso, ¿el escritor nace o se hace? 


Cualquier gran autor de cualquier disciplina desarrolla unas cualidades innatas. Algunos creadores parten con mayor predisposición al inicio de sus trayectorias y otros evolucionan notablemente con el paso del tiempo. Sin duda, los dos factores son esenciales: capacidades inherentes y deseo para desarrollar esas capacidades. Y para llegar a ser un buen escritor, la entrega a la vocación es un requisito imprescindible.

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