martes, 23 de mayo de 2017

Entrevista a Luis Molina, autor de la novela de misterio y aventuras "El tesoro visigodo"

Ediciones Atlantis publica “El tesoro visigodo” el libro del autor Luis Molina . Una novela llena de misterios y aventuras, que llevará al lector por un intrépido viaje por toda España en busca del tesoro escondido por el último rey de Hispania.


¿Cómo surgió la idea para escribir esta novela? 

Existe un viejo dicho: «Entre el Quil y el Quilama hay más oro y plata que en toda España». Cuenta la leyenda que el último rey de Hispania, Don Rodrigo, se ocultó con su amada la Quilama en un castillo, en lo más escarpado de la sierra de Francia, en Salamanca. Lo hizo junto con todo el oro y las joyas de los visigodos y huyendo del conde don Julián, padre de la amante del rey. Al conde lo acompañaba su aliado, el caudillo Tariq, quien a la postre terminaría conquistando la península en el año 711 

Supongo que esta leyenda, junto con los tesoros visigodos encontrados en Guarrazar (Toledo), Torredonjimeno (Jaén), la Vega Baja del Tajo, etc., espolearon de algún modo mi imaginación. 

Sin embargo, esta es una novela histórica, muy alejada de los thrillers o novelas negras que sueles escribir. 

Es cierto, pero a mí me gusta adentrarme también en otros géneros. Hace algunos años escribí una novela de aventuras con base mitológica clásica “Juego de dioses y peones”, que ha tenido una gran aceptación. Además, la serie de relatos cortos de terror que se publican semanalmente en el diario digital Mas Brunete, también están muy alejados de la novela negra. 

¿A qué público va dirigida esta novela? 

Quiero pensar que para todos los públicos, incluso adolescentes. En el prefacio del libro ya adelanto que se trata fundamentalmente de una novela de aventuras, que cuenta con un poco de historia, alguna leyenda y mucha invención. Sin embargo, creo sinceramente que puede ayudar, no solo a pasar un rato agradable leyendo, sino a aprender algo de esos seres extraños que han desaparecido prácticamente de las hojas de nuestros libros de historia, como fueron los visigodos, y que forman parte muy importante de nuestro pasado. 

Si pudieras cambiar algo en este mundo a través de tus relatos, ¿qué sería? 

Hay dos cosas que me gustaría que cambiasen sustancialmente: 1º. Que la gente leyese más, que no tengan miedo a asomarse a las hojas de un libro y a experimentar emociones mucho más intensas que las que ninguna película o videojuego podrá jamás imitar. Y 2º. Que los valores morales básicos que se han perpetuado a lo largo de los siglos, por considerarse válidos y necesarios, continuasen vigentes, pues, por muy modernos que nos pensemos que somos, la pérdida de esos valores morales les ocurrió a muchas civilizaciones antes que a nosotros y fue la causa por la que se derrumbaron o desaparecieron para siempre, como fue el caso de los pueblos romanos y visigodos. 

¿Cuál es tu próximo proyecto? 

A corto plazo, quisiera seguir colaborando y escribiendo con diarios como Mas Brunete o la Tribuna Económica. A medio plazo, ya he comenzado a escribir “Los ojos de mamá”. Se trata de otra novela negra, muy en la línea de “La capital del crimen” o “El asesino del pentagrama”, pero en esta ocasión está proyectado que sea una serie de libros. De momento me queda aún finalizar la mitad de la primera de esta serie, por lo que cuando la acabe, decidiré si continúo con ella o busco nuevos caminos que recorrer, literariamente hablando. 

De toda la historia que se narra en el libro. ¿Cuál es la anécdota que crees que puede sorprender más al lector? 

Bueno, lo cierto es que hay muchas y variadas… pero supongo que, quizá, la más impactante es la de Carlos Lidenman. Se trata de un hombre atormentado por la muerte de su familia, cuyo único refugio que encuentra, para aplacar sus penas, es la botella y sus grandes amigos, Rodrigo y Verónica Mocube y Fernando Gutiérrez. Ellos cuatro son los protagonistas de la novela. Existe un pasaje en el que Carlos se ve a sí mismo persiguiendo a su fallecida hija, por la Plaza Mayor de Brunete, municipio de Madrid en el que disfrutó de los momentos más felices de su vida. Lógicamente, no debo contar más, pero creo que esta es una escena que ninguna película podrá recrear como lo hará la imaginación y el corazón de cada uno de los lectores.

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