¿Quién es Manuel Murillo de las Heras? ¿Podrías definirte como autor?

¿Qué cosas captan su atención o consiguen que se inspire para crear historias?
Ninguna, o casi ninguna. Ante esta pregunta, quedaría muy bien decir que la lluvia, o la música, o las historias que me contaba mi abuelo, o cosas así, pero la realidad es mucho menos poética. La realidad es que simplemente me digo “me apetece escribir algo” y enciendo el ordenador y abro un Word y me quedo mirando la página en blanco durante mucho rato hasta que al final se me ocurre alguna idea o alguna frase interesante por la que empezar. La mayoría de veces nunca se me ocurre nada y termino sin escribir, y entonces lo que hago, en el mejor de los casos, es releer otras cosas que tengo escritas y corregirlas. Otras veces me vienen ideas sin buscarlas, por así decirlo, pero nunca o casi nunca ha sido por ver o sentir algo inspirador. A lo mejor no me puedo dormir y empiezo a darle vueltas a ideas y se me termina ocurriendo algo, o cuando estoy en la ducha o en el autobús. El problema es que en el noventa por ciento de los casos lo termino olvidando, precisamente porque confío en que la idea es tan buena que la voy a recordar.
¿Qué significan para ti tus historias?
Cada una significa algo en mayor o menor medida, malo sería lo contrario; al fin y al cabo son historias y algo tienen que contar. En algunas es menos evidente que en otras. Por ejemplo, el cuento “Carta en el salón” trata sobre algo que en ningún momento se menciona. Luego hay otros cuentos que no tienen más significado que el argumento que cuentan, como “besos con escorbuto”, “soledad compartida”, etc. Pero, para mí, mis historias en general no tienen un gran significado profundo ni nada por el estilo. Ya dije que la historia en sí es lo que menos me importa. Me importa, si acaso, el proceso de escribirlas, de llevar una idea a algo tangible. La mayoría de veces, cuando me siento a escribir, no busco expresar grandes cosas o transmitir sentimientos. Más bien, trato de poner por escrito algo que en ese momento me apetecería encontrarme ya escrito por otra persona para poder leerlo. En algunos momentos me apetecen unas cosas y en otros, pues otras. Por eso hay cuentos muy variados en este libro, porque en cada momento en el que me he sentado a escribir me han apetecido cosas distintas. Y creo que, a fin de cuentas, es sólo eso. Simplemente trato de escribir lo que me gustaría leer.
¿Tienes alguna obra olvidada en un cajón a la espera de salir a la luz?
Muchas, aunque gran parte de ellas las escribí hace tiempo y ya no creo que las intente publicar, porque tenía otro estilo y a día de hoy no me agradan. Lo último que he escrito ha sido una novela que sí me gustaría publicar, pero lo veo difícil. El motivo es que, en ella, sí intenté, de principio a fin, llevar a cabo todo lo que he dicho anteriormente acerca de jugar con la estructura, con el lector, con las voces, etc, y me salió algo tan extraño que no creo que ninguna editorial me la quiera publicar, y con razón. No diré su título, que ya forma parte de su juego, porque ahora mismo la novela está pendiente de fallo en un concurso de literatura multigénero experimental y se supone que no puedo publicar nada acerca de ella hasta que finalice el concurso. Pero creo que, aunque nunca la publique, siempre la voy a defender y siempre voy a pensar en ella con mucho cariño y como una obra en la que realmente logré escribir justo lo que pretendía y como pretendía, y de la cual me siento orgulloso, cosa que casi nunca me ocurre con lo que escribo.
Si pudieras cambiar algo en este mundo a través de tus relatos, ¿qué sería?
Devolverle el hábito de la lectura a quien lo haya perdido o dárselo a quien nunca lo tuvo del todo. Quien haya perdido o no tenga el hábito de leer, no lo va a agarrar intentando leer una gran novela, por muy interesante que sea, porque la mayor parte de la gente que ha dejado de leer con asiduidad lo ha hecho por falta de tiempo. En este caso, un buen antídoto para volver a acercarse a la lectura pueden ser los cuentos cortos. Muchos de ellos, en este libro, no pasan de las dos páginas, no creo que sean pretenciosos ni sobrecargados y se pueden leer de principio a fin antes de ir a dormir, en un viaje de autobús, en una sala de espera o incluso en el baño (para quien guste de hacerlo). No espero que estos cuentos cambien nada en el mundo, porque no lo pretenden. Con que una sola persona los lea y se entretenga y sienta que se ha divertido haciéndolo, ya sea porque alguno le hizo reír o porque otro le sorprendió, yo ya estaría más que satisfecho.
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