Luis Miguel Prieto Fonseca, autor de 'Hojas de otoño': "La historia siempre la escriben los vencedores pero la verdad, generalmente, queda sepultada bajo la herrumbre de la derrota"

Ediciones Atlantis presenta este jueves 'Hojas de otoño', un libro de ficción histórica sobre la Segunda Guerra Mundial escrito por el madrileño Luis Miguel Prieto Fonseca. En sus págínas encontraremos “una historia perfectamente documentada y dotada de un ritmo endiablado que hará imposible dejar su lectura”.
P - ¿Cómo surge la idea para comenzar a escribir esta novela?  
R - Hojas de Otoño es un sueño hecho realidad, pero también es una respuesta. Mi particular respuesta a una pregunta que después de miles de horas de estudio, libros y documentos leídos y analizados en profundidad, nadie ha podido contestar con rotundidad, ¿Por qué Hitler no abandonó Berlín cuando la guerra estaba prácticamente perdida?

P - Tu libro se fundamenta en la teoría de que Hitler no murió. ¿Crees que realmente fue así? ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?
R - Evidentemente, Hojas de Otoño es una novela de ficción y por lo tanto, aunque está perfectamente documentada, no se trata de una historia real. Pronto se cumplirá el 75 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial y miles de documentos, todavía, no han sido desclasificados, tal vez entre ellos se encuentre la respuesta. En lo que concierne a los restos carbonizados del cadáver de Hitler todo son conjeturas y no existe ninguna evidencia definitiva de que se tratasen realmente de sus restos. 
En lo que se refiere al  proceso de documentación, éste, ha sido tan fascinante como escribir la propia novela. Durante más de 30 años he coleccionado libros y documentos relacionados con la Segunda Guerra Mundial y con el Nacional Socialismo, los cuales me han permitido conocer y analizar el conflicto desde un ángulo completamente distinto al bélico y no solo desde el punto de vista de los vencedores, sino conociendo el desarrollo del conflicto desde el punto de vista alemán, a través de diarios y documentos de oficiales nazis. La historia siempre la escriben los vencedores pero la verdad, generalmente, queda sepultada bajo la herrumbre de la derrota.

P - ¿Cómo ha sido el proceso creativo de ‘Hojas de Otoño’?
R - La novela es el fruto de un proceso de maduración lenta. Tardé en escribirla más de un año. Antes de sentarme a escribir, me metía en la piel de cada personaje, me dejaba arrastrar por ellos, por sus sentimientos, dejaba que estos fluyeran libremente, observaba lo que ellos veían, era como si tuviese una pantalla de cine mudo ante mí. Solo entonces, cuando ya sabía qué es lo que querían, cuando la escena estaba completa, escribía y escribía. La relación con cada uno de mis personajes era personal, cada uno vive Hojas de Otoño a su manera, con sus propios dramas y contrariedades. Ser capaz de unirlos a todos para dar forma a la novela ha sido tan fascinante como gratificante. 

P - ¿Crees que conseguirás sembrar la duda en los lectores?
R- Sin lugar a dudas. La novela es como una montaña rusa, una vez que accedes al vagón y te sientas, aunque éste esté todavía inmóvil, aparecen las dudas, la aprensión. El lector siempre tendrá el refugio de la ficción pero, a través de puntos de giro y de la información que poco a poco voy desgranado a lo largo de la novela, se verá obligado a hacerse muchas preguntas.

P - ¿Hay algún personaje con el que te sientas identificado?
R - Como he dicho antes, mi relación con cada uno de los personajes ha sido personal. El desarrollo de la novela hace que mi vínculo con ellos sea más o menos cercano según el momento. Esto mismo ocurre con los sentimientos, éstos se acentúan, a veces de forma compungida, creando una relación inseparable, indestructible. Hay algo autobiográfico encerrado en Steward, Arnol,  el Coronel Barclay, Frau Neumann y en cada personaje que aparece en la novela.

P - Cómo disfrutas más, ¿leyendo o escribiendo?
R - Toda mi vida he disfrutado de la lectura, he sido, soy y seré un lector compulsivo. Esa ilusión, ese deseo y esa excitación que aparece cada vez que empiezas a leer un nuevo libro, solo pueden ser comparados con el deleite y regocijo que supone la escritura de tu propia obra. Jamás podría separarlas porque todo lo que me está dando la escritura se lo debo a la lectura.

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