viernes, 11 de septiembre de 2015

María Teresa Abedul sobre su libro: "Por inventadas e increíbles que parezcan las situaciones, puedes estar segura de que mi imaginación no es capaz de urdir semejantes realidades"

Hoy conoceremos a María Teresa Abedul, autora de 'Un retrete japonés y otras historias de interés' que se presentará este sábado en Alcorcón. Este libro repleto de divertidas experiencias se convierte en una guía de viaje imprescindible para todo aquel que se sienta atraído por la cultura del Sol Naciente.

¿Cómo surgió la idea para escribir esta novela?
Desde mi niñez la cultura japonesa me pareció fascinante. Cuando veía sus peinados adornados con esos peines tan recargados y las agujas de sus moños ¡Lo que me gustaban! Los tejidos de los kimonos y los oby que los sujetan, me parecían tan llamativos y coloridos que no me cansaba de mirarlos. Y lo que me resultaba sublime era el equilibrio que mantenían al caminar con esos pasitos tan cortos y sus piececitos tan rechonchitos.

En el año 1998 tuve la oportunidad de acercarme un poco más a la cultura que tanto me había  atraído durante años. Bea no pienses que me fui a vivir al lejano Oriente, fue mucho más sencillo, me matriculé en un curso de japonés; durante tres años dos tardes por semana intenté e intenté aprender japonés. La verdad que la lengua no la aprendí, pero me hice muy amiga de mi profesora así como de su encantadora familia.
Asistir a las fiestas que organizaba la embajada japonesa acreditada en Madrid y participar en las reuniones que organizaba mi profesora, me hicieron sentir que tenía que conocer la cultura del Sol Naciente.

Entonces comencé a pedir a mi profesora Atsuko que me dejara acompañarla en alguna de sus visitas a su tierra natal. Tan pesada me puse que después de quince años machacándola con la misma cantarela de "Atsuko cuando vamos a Japón" ella accedió a que le acompañara. 

Preparó un viaje repleto de sorpresas y vivencias que me dejaron ojiplatica en múltiples ocasiones, en el libro recojo algunas de ellas. Querida Bea, te aseguro  que todas las situaciones con las que el lector se va a reír y a sorprender son ciertas, por inventadas e increíbles que parezcan, puedes estar segura de que mi imaginación no es capaz de urdir semejantes realidades.

¿Estás trabajando ahora en algo?
Si te digo la verdad ahora mismo estoy disfrutando de la excelente noticia que me dio mi editor J. D. Álvarez, al aceptar la edición del manuscrito. 
Te puedo decir que me he estado documentando  sobre el autismo infantil y la enfermedad de Alzheimer, sobre estos temas dos familias amigas me han pedido que escriba algo para intentar concienciar a la sociedad que estos problemas pueden llegar al hogar de cualquiera de nosotros sin previo aviso.
En un tono más divertido, no se si traer del Renacimiento al Siglo XXI a los protagonistas de mi anterior novela, o si irnos todos a dar un paseo por la  cultura de la antigua  Mesopotamia, o pasar un día con los adoradores de Inti, el dios del sol de los incas. De momento es una sorpresa tanto para  los lectores como para mí.

¿Nos puedes describir tu sitio de trabajo?
Mi respuesta te va a resultar un tanto peculiar, verás: mi estudio es una habitación amplia, rectangular y muy bien iluminada que da al jardín. El mobiliario es minimalista, una mesa de unos tres metros de largo por unos ochenta centímetros de ancho, sobre la que tengo cientos de notas, libros, la torre de pendientes, lápices, el ordenador, el iPad y la impresora. En una esquina puedes ver una mesa antigua de comedor con forma redonda. Esta mesa la desplazó por toda la habitación según necesito. Para sentarme empleo una silla de esas que suben y bajan. Las paredes están pintadas en color blanco, de sus paredes cuelgan un cuadro pintado al óleo de dimensiones pequeñas, representa un acantilado un mar en calma y un cielo con nubes regordetas; de las esquinas superiores del marco cuelgan a ambos lados, para guardar el equilibrio una medalla de la Virgen del Rocío sevillana y otra de la hermandad madrileña, en el otro lado tengo la Venera del Cristo de los Alabarderos con la Macarena. En otra pared hay una foto en la que estamos mi hija y yo con los premios Atlantis de la Isla de las letras en la mano.
No solo escribo en mi estudio, me rechifla escribir sobre el piano de cola, coloco el ordenador en la curva insinuante a la par que elegante y característica de este instrumento, sobre la tapa del piano  voy esparciendo las hojas con las notas que voy a ir necesitando. Si no se como continuar mi historia de una forma coherente y atractiva,Maribel ¿imaginas qué hago? Levanto la tapa del teclado, deslizo el atril y toco las particcelas de "Nana de Brahms, el Andante del Lago de los cisnes de Tchaikovsky y la Musette de Bach". Estas piezas cortas y sencillas de ejecución me suelen ayudar a ordenar mis ideas. El jardín y la cocina también son sitios en los que me gusta trabajar.

Si el lector pudiera sacar una conclusión o moraleja de este libro, ¿cuál sería?
Cada lector va a sacar su propia moraleja, la mía es sencilla: vivimos en una nave llamada tierra, viajamos con la risa y nuestras vivencias, que nos llevan a una realidad. Realidad que en cada cultura es única y característica de la misma.  Si a lo largo del viaje de nuestra vida intentamos comprender las diferencias que lejos separarnos nos unen e identifican, habremos sido viajeros dignos de la nave tierra.

Un libro  de tu infancia sería…
Querida Bea de mi infancia tengo dos libros que aún hoy leo, uno es "Le petit prince" "El principito" de Antoine de Saint-Exupéry y el otro "Las fábulas de Lafontaine". Comenzando por el último, la fábula en la que el pececillo acaba en la sartén, o la otra del ratón de campo y el ratón de ciudad, son enseñanzas que siempre me hacen pensar.
El apunte del principito en mi opinión sigue estando de actualidad, el principito vivía solo en su planeta con nombre de vitamina llamado B612 y se marcha por soledad, tras sus andanzas por el universo incluida nuestra nave tierra, regresa a su hogar donde le espera su amiga la flor que él había "domesticado". Entonces el principito comprende que no podía estar sin su flor.

Tengo que agradecer a mis padres el amor que me inculcaron por los libros y en consecuencia a encontrar en la lectura la magia, el encanto, el miedo, la intriga...Me enseñaron que leer no es solo pasear los ojos sobre las letras, leer es comprender, es imaginar, es poder viajar adonde el escritor  te quiera transportar. Ojalá yo como madre haya sido capaz de transmitir este amor por los libros a mis hijos.

Gracias por esta entrevista que me ha resultado entretenida, divertida y enriquecedora.
Muchas gracias.

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