martes, 17 de febrero de 2015

Julio García Llopis: "La profesión de editor se parece bastante a los sueños quijotescos: palos a cambio de ideales"

En los tiempos de corren, huérfanos de interés por la cultura, la profesión de editor se parece bastante a los sueños quijotescos: palos a cambio de ideales. Quienes claman por el cierre de editoriales que no han satisfecho sus sueños de inmediata gloria y reconocimiento de una inexistente valía literaria corren a la red a plantear sus quejas contra ellos en lugar de reflexionar sobre el papel del escritor en la sociedad que les ha tocado vivir.

Suele tratarse de gente muy joven, cuya impaciencia entiendo pero no comparto. Ven a diario cómo un rostro desconocido sale de la nada gracias al inmenso poder de la pequeña pantalla -eso a lo que antes se llamaba ´la caja tonta`- y entra en el paraíso del ´famoseo` y se preguntan: “¿Por qué yo no? No son conscientes de que las librerías están repletas de títulos que jamás encabezarán la lista de los más vendidos y que solo unos pocos saldrán del anonimato.


Escribir es una labor callada, humilde. A solas con sus pensamientos, los escritores pugnan por encauzar las ideas, dando forma a lo que se convertirá en una novela, un poema, un ensayo. Vendrá luego el espinoso camino de la publicación, a la caza de un editor que se arriesgue a sacar a la luz la obra de un principiante. Probablemente se verán obligados a aceptar la fórmula de la autoedición o, con suerte, la de la coedición que, a veces, por obvios motivos económicos, no será tan perfecta como pretendían. Su derecho a reclamar cuando se incumplen las condiciones del contrato con el editor resulta evidente, lo que no autoriza en absoluto a insultar y lanzar calumnias y mucho menos a solicitar el cierre de la editorial. 

Estas reflexiones vienen motivadas por un reciente e injustificado ataque en un blog de cuyo nombre no quiero acordarme contra Ediciones Atlantis. Conozco la editorial, he publicado en ella y espero seguir publicando si las circunstancias lo permiten. No deseo romper una lanza incondicional a su favor; solo alzar mi voz a favor de quienes todavía creen en el libro (tradicional o electrónico) y hacen de ello una profesión.


Opinión publicada en www.escritoresatlantis.com

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