jueves, 17 de noviembre de 2016

Antonio S. Illescas: "He experimentado auténticos 'déjá vu' a lo largo del proceso de documentación paralelo a la escritura de la novela"

Ediciones Atlantis publica ‘Non Plus Ultra. Asalto a las columnas de Hércules’, una novela histórica del autor gaditano Antonio S. Illescas que nos traslada al mítico entorno de las islas Gadeira, actuales Cádiz, Chiclana y San Fernando y narra el asalto organizado al Templo de Hércules en Gádir y la conspiración para derruir su gloria, apoderándose de todas sus riquezas para fundar con ellas las primeras colonias en Occidente sometidas al poder persa. Una novela con todos los ingredientes para atraparte desde sus primeras páginas.

¿Quién es Antonio S. Illescas? 
Pues Antonio Sánchez Illescas es un apasionado discípulo de la gran maestra de la vida que es la Historia, pero también de esa intrahistoria de la que nos hablaba Unamuno. Un autodidacta rebelde y cuestionador desde los años de su pubertad, viajero de vocación y lector insaciable. Un gran amante de la conversación tranquila y de la vida familiar. Pero también un curioso impenitente de la vida social y, por ende, un buen polemista.

¿Cómo surgió la idea para escribir esta novela? 
Pues la idea de escribir sobre los fenicios en Gádir responde a la necesidad que yo sentía de leer sobre algo acerca de lo cual apenas se ha escrito en literatura, existiendo como existe un caudal documental nada despreciable para su fundamentación o ambientación histórica. Por eso pensé que si no encontraba la novela sobre el Gádir fenicio, sobre la primigenia grandeza de nuestra antiquísima ciudad, yo mismo me encargaría de escribirla y de disfrutarla a medida que la iba desarrollando.

¿Estamos ante una novela puramente histórica o podemos encontrar elementos de ficción encontrar?
Dígame usted una novela histórica en la que estén ausentes esos elementos ficticios. Si hablamos de novela ya hablamos del género ficción por muchos datos y hechos rigurosos que aportemos. El mero hecho de hacer dialogar a personajes reales que tuvieron alguna significación a lo largo de la Historia, ya nos está aportando unos elementos de ficción en tanto en cuanto los novelistas del género histórico no hacemos crónicas periodísticas ni solemos entrevistar a nuestros personajes, que ya nos gustaría en muchos casos. Pero déjeme decirle que esto de hacer dialogar libremente a los personajes, sujetos siempre a su perfil psicológico y en el contexto de situaciones verosímiles, ya lo hacía Herodoto, considerado el padre de la Historia como ciencia empírica. Y él mismo era consciente de que incluso en los casos en los que recibía revelaciones de tales o cuales personajes entrevistados por él, no podíamos o debíamos sentirnos por ello en total posesión de la verdad. Las declaraciones de sus personajes eran más novelísticas que auténticas, probablemente en la mayoría de los casos. Lo cual no le resta veracidad histórica al relato global que el nos quiere transmitir de un determinado episodio de las Historia que nos narra de manera tan magistral. 

En este sentido, yo calificaría a mi propio relato como una novela de fuerte ambientación histórica, rodeada de circunstancias, hechos generales y un contexto fidedignos con las fuentes. Pero tanto los personajes como los sucesos principales de las tramas desarrolladas son obviamente ficticios. Eso sí, tendentes siempre a la verosimilitud y coherencia con el período histórico narrado.

¿Cómo crees que puedes sorprender al lector? 
Los que manejamos documentación histórica sobre la Antigüedad sabemos muy bien en primera persona lo que significa no dejar de sorprendernos acerca de la cantidad de cuestiones que nos revelan esa multitud de pueblos y civilizaciones anteriores a Cristo. Es la propia Roma, que tanto nos ha legado por escrito y de la que tanto se ha escrito e investigado a su vez, y a pesar de poder jactarnos de saber mucho de su cultura, que es en parte la nuestra, no deja de sorprendernos con cada nuevo hallazgo o descubrimiento. Qué no habrían de poder sorprendernos otras civilizaciones anteriores o incluso parcialmente coetáneas, como fueron los pueblos fenicios, sobre los que tantas incógnitas penden aún pero que sabemos que estuvieron a punto de sustituir a Roma como potencia preponderante en el mundo entonces conocido.

Si además de hablar de fenicios, nos centramos sobre un espacio histórico tan mítico y legendario como fueron los confines de ese mundo entonces explorado, situados en el estrecho de Gibraltar y señalados por las verdaderas columnas de Hércules emplazadas en el propio santuario de Melkart en Gádir, tenemos ya la materia prima con la que trabajar desde el punto de vista del misterio y la sorpresa. Estamos hablando de un Templo antiquísimo que atraviesa una etapa mítica pero que también llega a un período de la Historia plenamente documentado ya por las fuentes historiográficas de la antigüedad. Y, a comienzos de ese período es donde centro yo mi novela, para hacerla incluso más atrayente en todas aquellas propuestas y planteamientos verosímiles que he reflexionado y madurado para su argumento, en el cual no faltan claves y pistas que nos conducen a lo largo de un hilo, a semejanza del de Teseo en su laberinto, hasta la consumación parcial de sus incógnitas porque, por supuesto, aparte de que la novela esté inserta en una proyectada trilogía, ni yo ni nadie está en posesión de la verdad absoluta y es bueno que el lector divage también y avance sus propias hipótesis en un mundo plenamente dotado de exotismo y carisma, como lo era el extremo Occidente en aquellas fechas de la Historia de la Humanidad.

¿Hay alguna anécdota que nos quieras contar ocurrida durante el desarrollo de tu novela? 
Pues aunque a mí mismo me resulte difícil creerlo, cuando te sumerges tanto en una época determinada y te familiarizas con sus circunstancias y su sociedad, costumbres, cultura, etc... empiezas a vivir en un mundo paralelo, reforzado en mi caso si te encuentras viviendo y desarrollando tu novela dentro de los escenarios históricos que narras. Yo soy gaditano y Cádiz es una fuente de inspiración constante. Pero además, me trasladé incluso a la vecina población de Chiclana de la Frontera, para vivir durante unos meses casi frente por frente del legendario emplazamiento del Templo de Melkart (Heracles para los griegos y Hércules para los romanos) del que hoy día sólo queda un islote sobre el que hay construido una torre del siglo XVI con su faro correspondiente y un castillo de factura posterior. Y no sólo eso, sino que para narrar la parte final de mi novela, tuve la ocasión de poder vivir y trabajar en la localidad de Tarifa, frente al Estrecho de Gibraltar. Todos los escenarios en los que he tenido el privilegio de escribir me han aportado mucho desde el punto de vista de la comunión que se da entre ese paisaje milenario y la necesaria imaginación para retrotraerse en casi dos mil cuatrocientos años atrás. Y la gran anécdota o el gran milagro, podría decirse aquí -aunque para dar fe a ello hay que vivir en primera persona experiencias como ésta- es el hecho de haber experimentado auténticos "déjá vu" a lo largo del proceso de documentación paralelo a la escritura de la novela, pues en mi caso hay un proceso previo y otro paralelo, unido a ese constante rumiar en busca o espera de la inspiración, todo lo cual en ocasiones me ha dado la certeza de haber soñado, descartado que haya vivido otras vidas, con algunas de las situaciones que he acabado plasmando en mi novela.

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