jueves, 9 de abril de 2015

Diario de abordo de un padre primerizo...

   Hola queridos compañeros de Escritores en Red, de Netwriters y amigos autores de Ediciones Atlántis, y en fin, todos los que os asomáis por sus webs o blogs. Os quería hablar en esta ocasión de un libro muy especial que acabo de terminar. Se trata de “Diario de a bordo de un padre primerizo jugando a las batallas de tiempos pasados”, ¡vaya con el titulito, ¿no?! ¿Su autor?, pues nada menos que nuestro conocido editor, J.D. Álvarez, para casi todos nosotros, simplemente J.

   Siempre he defendido la opinión de que este hombre es, más que un emprendedor y resuelto editor, un excelente escritor, y así nos lo demuestra por enésima vez con esta nueva obra de su autoría. Poeta inconformista y provocador, narrador tenebrista y gótico, relator eficaz e inusitado… cuantos estilos ha tocado, los borda. Y ahora esto, “Diario de abordo…” que es, efectivamente, un diario, escrito en primera persona y exento de cualquier suerte de ficción, aunque por supuesto volcado hacía un público lector, donde se nos narran vicisitudes singulares, auténticas, ocurridas en el devenir diario de una familia, en el seno de la relación de unos padres con su hijo, un pequeño de unos dos años.

    No se trata pues, de una crónica pormenorizada, en absoluto, sino de aquellas vivencias que sorprenden al progenitor y están relacionadas, en su mayor parte, con las esferas del lenguaje verbal y el mundo de los afectos.

   Raúl, un niño especial donde los haya, muestra unas aptitudes lingüísticas insólitas en un crío que, en el periodo que cubre los hechos retratados, aún no había cumplido como dije, los dos años. Esto da pie a su padre a que, sorprendido y admirado una y otra vez por las geniales, al tiempo que inocentes, ocurrencias de su vástago, exprese literariamente las entusiasmadas sensaciones y sublimes sentimientos que le provocan.

     Respecto a los registros retóricos literarios que conocíamos de J, cambian aquí por completo. Utiliza un estilo claro, sencillo, natural, directo, libre prácticamente de artificios. Vamos su vena poética emerge de vez en cuando, puntualmente, pero de una forma claramente involuntaria, como cuando habla del “blando desfilar de los peces”, por ejemplo.

     La verdad, es un libro bello, muy bonito, llega muy adentro porque el autor, con todo el cariño del mundo hacia el lector, hacia todos sus posibles lectores, abre las puertas de su hogar de par en par, desnudando su intimidad de cualquier velo protector y mostrándonos su palpitante corazón repleto de paternal amor por su hijo, y nos trasmite ello por medio de la palabra escrita como solo sabe hacer un gran escritor, una gran persona.
Un autor de leyenda

     No solo nos hace partícipes de esa privacidad paterno filial, sino que además nos introduce en ocasiones dentro de la confidencial parcela de su propia psique, al desvelarnos, de forma un tanto codificada pero efectiva, algunos aspectos muy reservados de su historia personal más íntima, no exenta de dramatismo para el buen entendedor.

     Y en otras ocasiones, cobra fuerza su faceta filosófica, y nos confiesa y describe sus profundas convicciones sobre la vida, el universo y los seres que lo pueblan.

     Resumiendo, el libro es, sí, muy ameno, te entretiene con las divertidas andanzas de “Garbancito”, el cariñoso apodo del protagonista; y es intensamente emotivo, puesto que trata, con toda franqueza y ternura, de los sentimientos más puros que puede albergar el ser humano. De verdad, me ha gustado, lo he disfrutado, lo recomiendo.

     Ignoro por completo si se habrá escrito algo así en alguna ocasión, pero casi lo dudo, por que J y Raúl, hijo de J y Rocío, solo hay dos, y es esta combinación lo que ha funcionado a la perfección.

     Un saludo compis.

1 comentario:

  1. Estoy completamente de acuerdo con D.Antonio Castillo.
    El espíritu de este libro del padre del pequeño Raúl y de Ediciones Atlantis (menudas paternidades las de Jota) me ha traído a la mente unos versos de Josefina de la Torre...
    Antonio es el bebé, el muchacho, el hombre... es cualquiera de nosotros y ninguno.
    Antonio viaja que viaja
    Por tierra, por mar, por aire,
    Va de un continente a otro
    Porque el mundo ya no es grande.
    Mira desde su avión
    Cordilleras y ciudades
    Como si, soñando aún,
    Sobre algún mapa trazase
    Con el dedo rutas, rumbos.
    ¿Ser hombre es estar de viaje?

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