jueves, 7 de abril de 2016

Esther Chinarro sobre 'Nombres de mujer': "Estos relatos pueden ser interpretados de forma distinta según quien los lea"


Ediciones Atlantis presenta este sábado, 9 de abril, en Trocha, ‘Nombres de mujer’, una antología de relatos escrita por la madrileña, Esther Chinarro Pérez, inspirada en nombres de mujer que evocan un sentimiento, una virtud, un defecto, una enfermedad o una realidad social que hará reflexionar al lector. 

¿Qué te impulsó a escribir estos relatos?
Una vez tuve terminada "Lección mortal", mi primera novela, a la que había dedicado casi cuatro años de forma intermitente, comencé a preparar un pequeño guión para una nueva historia de suspense que tenía en mente, y empecé a escribirla desarrollando varios capítulos con cierta rapidez, sin emplear demasiado tiempo en su escritura. Pero a medida que avanzaba en la trama, la novela comenzaba a requerir cada vez más tiempo del que en ese momento podía dedicar. Temía que igual que con "Lección mortal", tuviera que hacer uno o varios paréntesis para retomarla cuando pudiera disponer de más horas al día para dedicarme a ella, y sobre todo no quería dejar de escribir de nuevo de forma radical las temporadas en las que no pudiera avanzar con esta novela. Por algún motivo, había dado por hecho que ese formato era el que debía seguir utilizando, a pesar de que muchos años atrás, en los últimos años de colegio y los primeros años de facultad había escrito muchas historias y cuentos breves que en ese momento ni recordaba ni conservaba. Así que de nuevo dejé de escribir esta segunda novela, pero a los pocos días, entre los eventos que publica en su web el Ayuntamiento de mi localidad, me llamó la atención el anuncio de un Concurso de Relatos. Me pareció que podía intentar contar una historia breve, centrada en un único personaje principal y manteniendo un estilo similar al que había utilizado en las novelas. Era una forma de continuar escribiendo en los ratos que tuviera libres y dado que la extensión que requería el concurso era de tan sólo tres hojas, veía posible acabarlo en poco tiempo. Una vez decidí participar en el concurso, quedaba elegir el título y la temática de este primer cuento y comprobar si era capaz de estructurar un relato breve para que su lectura fuera entretenida y el final sorprendiera al lector. Revisando las bases de otros concursos y eventos literarios me di cuenta de la cantidad de opciones y el interés que generaba la literatura centrada en la figura de la mujer y empecé a imaginar una historia donde un personaje femenino debía representar un sentimiento determinado. "Esperanza" se convertía en el título de mi relato, pero me pareció adecuado que también fuera el nombre del personaje principal creando una conexión directa entre el tema y la protagonista de la historia. Había disfrutado mucho escribiéndolo y estaba encantada de que las personas más cercanas que lo habían leído me animaran a escribir otros relatos del mismo estilo. A partir de "Esperanza", se me iban ocurriendo constantemente historias que podían protagonizar mujeres cuyo nombre pudiera ser utilizado de forma simbólica en la propia trama y argumento de cada relato. Y así fueron surgiendo los otros siete relatos: "Luz", "Olvido", "Soledad", "Linda", "Luna", "Victoria" y "Dulce".

¿Cuál es el público al que va dirigido?
Cada uno de los relatos trata un sentimiento, una virtud, un defecto, una enfermedad o una realidad social que a cualquier adulto, hombre o mujer, le puede resultar interesante. Creo y espero que todos los lectores de "Nombres de mujer" disfruten de cada uno de los relatos y los interpreten de formas tan distintas como sea posible. Algunos de los temas que trato en el libro como la muerte, el maltrato o los desequilibrios psicológicos tienen miles de interpretaciones y mi esperanza es causar en el lector alguna reacción ante cada una de las historias.

Si el lector pudiera sacar una conclusión o moraleja de "Nombres de mujer", ¿cuál sería?
Curiosamente, cada uno de los relatos finaliza con una pequeña moraleja que enlaza de nuevo con el título de la historia y, por lo tanto, con el nombre del personaje principal. Al igual que cada libro cobra un significado diferente para cada lector, estos relatos pueden ser interpretados de forma distinta según quien los lea y, por lo tanto, es probable que los comentarios de los lectores sean los que realmente enriquezcan las moralejas que puedan tener implícitas estas historias. Estoy convencida que serán ellos, los lectores, quienes me aporten a mí muchas más enseñanzas de las que yo pueda ofrecer.

¿Hay alguna anécdota que nos quieras contar sobre tu libro?
Durante el año que ha durado la escritura de "Nombres de mujer" ha sido muy curioso y gratificante la ilusión y aliento de los que sabían que estaba trabajando en estos relatos. Se han dado situaciones muy graciosas en las que cada vez que explicaba la idea del libro, gente muy cercana me apuntaba nombres de mujer y me los daba en un papel, algunos muy válidos, por cierto; y, en ocasiones, antes apenas de saludarme, algunas de las personas con las que mantengo más contacto, me soltaban directamente nombres de mujer, que les surgían con sólo notar mi presencia.

¿Tienes ya en mente algún nuevo trabajo?
En las próximas semanas quiero retomar la novela que he dejado pendiente, para que en los meses de verano, en los que suelo disponer de más tiempo libre, pueda darle un buen empujón. Creo que para finales de año, podría estar terminado mi segundo thriller policíaco.

¿Qué autores te han influenciado?
Es probable que lo que me ha motivado a escribir o a optar por desarrollar un género literario determinado han sido algunos libros concretos de autores muy distintos. De las primeras lecturas que hice por obligación, gracias a las profesoras de literatura del colegio, me fascinaron "La colmena" de Cela y "Pedro Páramo" de Juan Rulfo. Son dos novelas que volví a leer años más tarde y probablemente me despertaron una envidia sana y un deseo de poder crear personajes con ciertos desequilibrios psicológicos, o de entrelazar determinadas historias, reales o no, pero siempre mágicas. También disfruté mucho hace unos años la lectura de "Riña de gatos" de Eduardo Mendoza, muy diferente a las sátiras literarias que había leído de él como "El asombroso viaje de Pomponio Flato" o "Sin noticias de Gurb". Pero, sin duda, las novelas de suspense siempre han llamado especialmente mi atención y aquí destacaría "El nombre de la rosa" de Umberto Eco, "El ocho" de Katherine Neville y "La biblia de barro" de Julia Navarro.

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